Del Caos Nacen las Estrellas

DEL CAOS NACEN LAS ESTRELLAS
El despertador marca las 06:55. Tan solo cinco minutos más para que el día
comience. Riiiiiing. Buenos días (aunque mejor espera a la taza de café para que
sean buenos realmente). Bicicleta en mano pongo rumbo al hospital. ¿Qué nos
deparará el día? ¿Parquesol? ¿Covaresa? Quizá hoy toque salir al rural. ¿Mayorga?
¿Villalón?
Toca atravesar el abarrotado pasillo de los uniformes. En él se intercambian
animados saludos con caras cansadas de los que todavía arrastran las sábanas tras
de sí. Pasillo recto. Escaleras arriba. Giro inesperado a la derecha. Puerta de cristal
(¡cuidado! el picaporte a veces da calambre). Nuevo giro a la derecha y… ¡buenos
días!.
Todo el equipo saluda con sonrisa en la cara. Mayorga. Hoy salimos temprano, nos
queda un largo camino en coche. Dani, ¿has visto este paciente nuevo? – pregunta
Mª José. Yo voy a ver a un paciente hospitalizado antes de salir – comenta Cristina.
Espera Cris, que voy a verle contigo – le digo. Voy llamando a los pacientes mientras
tanto – comenta Dani.
Giro a la izquierda. Puerta de cristal. ¡Ay! ¡me ha dado calambre! (ya te lo advertí).
Giro a la izquierda de nuevo. ¿Dónde dejamos el coche ayer? – pregunta Dani. Atrás
– respondemos Mª José y yo a coro. Ascensor. Pasillo oscuro (sí, esto es un atajo).
Rumbo a la ruralidad vallisoletana.
Toc toc. Pasad, todavía está en la cama, ayer tuvo un día malo y aun no se ha
levantado. Esta muy pachucho – nos anuncia una mujer de mediana edad. Es
momento de dividir equipos. Cristina se queda con ella. El resto nos inmiscuimos en
la intimidad de la casa de Manuel.
La persiana entreabierta permite el paso de unos rayos de luz que nos dejan ver
dentro del dormitorio. Manuel, destapado (es verano y… ya sabéis el calor que hace
en Castilla), nos sonríe al entrar. Parece que incluso esa sonrisa le supone un gran
esfuerzo. Pero aun así no deja de sonreír. Nos sentamos con él en la cama y le
devolvemos la sonrisa. Manuel nos cuenta que tiene todos los síntomas controlados.
Sin embargo, hay algo que le preocupa más allá de lo puramente orgánico. Pilar y
María. Mujer e hija. Sus pilares vitales. No quiero ser una carga para ellas, tampoco
quiero verlas sufrir – nos comenta Manuel. Manuel conoce perfectamente su
enfermedad y sabe que el pronóstico no es bueno. Medio año. Dos meses. Quizá un
par de semanas. Incertidumbre aterradora.
Acompañar. ¡Qué bonita palabra! Eso es lo que se nos da bien. ¿Parece fácil verdad?
Pues no… nada más lejos. Tomamos la mano de Manuel y charlamos con él. Se queda
más tranquilo. No hemos cambiado tratamientos ni practicado ninguna técnica
médica. No hemos hecho nada. ¿O sí? Tan solo con estar ahí, tan solo con hablar con
él todo ha cambiado en su cara. Nos despedimos de Manuel. Se queda en la cama.
Dice que hoy va a salir a pasear.

Atravesamos de nuevo la casa y nos encontraos con Pilar. Ha estado charlando con
Cristina y su cara está más relajada que tras el: toc toc. Nos despedimos. Sólo una
cosa más – nos llama mientras estamos cogiendo el ascensor – cuando llegue el
momento, por favor no queremos que sea en casa- nos comenta Pilar.
Vuelta a casa. Queda todavía camino hasta el hospital. Momento de reflexión, de
sacar conclusiones y… lo más importante, de compartirlas con el resto del coche. Las
duras palabras de Manuel todavía resuenan en mi cabeza. Sin embargo hay que
cambiar el chip y seguir adelante. Aún quedan pacientes por ver. Los más veteranos
del coche incluso gastan alguna broma para distender el ambiente.
Todavía recuerdo la cara de Pilar ante el caos que supone que, de repente, todo
vaya tan rápido. Pero, a pesar de todo, del caos nacen las estrellas.
Nacho

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Paliativos… ¡otro rollo!

¿Paliativos? ¿y te gusta? Uy, eso tiene que ser muy duro…Estaba segura de que diría que sí, pero nada más lejos de la realidad. Una grata experiencia, ya no tanto a nivel de conocimientos médicos, como a nivel personal.
Desde el primer día, lo que me quedo claro, es que el trabajo en equipo es imprescindible para satisfacer de forma adecuada las necesidades que les van surgiendo a nuestros pacientes en esta última etapa de sus vidas. Ha sido una gran oportunidad poder de trabajar codo con codo con las enfermeras y con la psicóloga de la unidad.
Como digo cuando me preguntan, ¡es otro rollo! Adentrarse hasta el fondo en la vida de los pacientes, conocer a sus familiares y su entorno, poder atenderles sin batas blancas de por medio y fuera del ambiente hospitalario, muchas veces impersonal,“hostil”… Sobre todo, y muy importante…EL TIEMPO! Eso que muchas veces falta en la consulta y en nuestra vida diaria. Tiempo para poder escuchar, que los pacientes puedan expresarnos sus sentimientos, incertidumbres y dudas sin que nos vean mirando las agujas del reloj.
La importancia del lenguaje no verbal, la de puertas que se abren con sólo sentarte a la cabecera de la cama del paciente y cogerle la mano. Esas miradas que te lo dicen todo.
En definitiva, me ha ayudado a perder el miedo al paciente terminal, a afrontar de otra forma el tema de la muerte (que muchas veces no sabemos manejar siendo una fase tan natural dentro de la experiencia vital del ser humano).Y también a valorar la suerte que tengo como médico de atención primaria de poder acompañar a mis pacientes hasta el fin de sus días.

María Jaime Azuara. Residente de Residentes en Medicina Familiar y Comunitaria. ÁREA DE SALUD VALLADOLID OESTE.

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Cuidados paliativos? Eso tiene que ser muy duro, ¿no?

¿Cuidados paliativos? Eso tiene que ser muy duro, ¿no? Posiblemente la frase que más he escuchado desde que decidí realizar las prácticas del máster de Psicología General Sanitaria en la unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Río Hortega de Valladolid.

Mi primera experiencia con el equipo fue acudir a un domicilio para sedar a la paciente. Ni que decir tiene que fue un estreno intenso. Y sin embargo, a pesar de la dureza de la situación, vi muchas cosas que me gustaron y me impactaron de manera positiva. Vi a un equipo de profesionales que trató con todo el cariño y todo el respeto del mundo a la enferma y a su familia. Vi a una familia serena, a pesar de todo, conscientes de que lo que se iba a hacer era lo mejor para la paciente. Vi a una persona en paz, preparada para despedirse de su familia. Y recuerdo como justo después de bajar del domicilio, lo primero que pregunto el médico fue que como estábamos emocionalmente en ese momento.

A lo largo de este mes he visto enfermos que se encuentran solos, familias sobrecargadas que no saben cómo continuar con los cuidados, enfrentamientos entre familiares… pero también he visto un equipo totalmente comprometido, he visto el poder que tiene el cuidado y el cariño, he visto a personas llorar de agradecimiento al sentirse acompañados por su familia y por el equipo médico, he visto la evolución de casos muy complejos gracias a una intervención cercana y sincera, he visto todo lo que se puede ayudar a estas personas en estos momentos tan complicados de su vida.
Y después de ver todo eso, pienso que sí, que ha sido una experiencia dura en algunos momentos, pero si pongo en una balanza todo lo que he visto, tanto positivo (el apoyo, el cuidado, el cariño, los efectos visibles de nuestras intervenciones, el agradecimiento…) como negativo (tristeza, rabia, impotencia, negación…), para mí personalmente, gana lo positivo. Sin duda.

Pienso además, que he sido afortunado por poder vivir esta experiencia. Siento como un privilegio que todas las personas a las que he visitado con el equipo me hayan permitido estar presente en estos momentos tan difíciles para ellos y que a la vez pueden ser momentos muy bonitos en los que acompañarles y aprender de ellos.

He aprendido muchas cosas a nivel profesional: como presentarte ante una familia, como transmitir la información de la mejor manera, como preguntar, como evaluar situaciones de sobrecarga, como evaluar el contexto del enfermo, la importancia del trabajo en equipo para no sobrecargarte, que no cuesta ningún trabajo sonreír al enfermo, llamarle por su nombre, ser atentos y respetuosos, y que esto tiene un efecto increíblemente positivo y pienso que todos deberíamos ser conscientes de estos pequeños detalles que pueden marcar la diferencia.

Pero es a nivel personal donde he hecho más avances. Al tratar con la muerte día a día he aprendido a normalizarla dentro de mi día a día, y sobre todo he aprendido, algo que siempre se sabe, pero que es muy difícil llevar a la práctica, y es aprender a disfrutar de las pequeñas cosas y de los pequeños momentos del día a día. Tal y como he escuchado mil veces a mis compañeros, y tal y como se lo he transmitido a algunos de los pacientes: lo importante es estar lo mejor posible cada día. Me siento en definitiva, un profesional diferente, pero más importante aún, una persona diferente al que era hace apenas un mes.

Juan del Campo Contreras

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¿Cómo resumir el mes de rotación en paliativos?…Acompañamiento

Nadie nos enseña a enfrentarnos a la muerte, ni en la facultad ni durante la residencia, tampoco en nuestro día a día. Es un tema tabú que la sociedad evita como si fuese algo ajeno a nosotros, pero la realidad no es esa.
Y de repente llega la rotación en el Servicio de Cuidados Paliativos…
Llegas un martes al domicilio de una familia y ahí están, esperando tu visita en este momento tan difícil para ellos. Y… ¿Cómo empezar? ¿Qué digo? ¿Qué hago? Todo ese aluvión de dudas nos atrapa sin encontrar respuesta y sumergiéndonos en nuestros miedos.
Gracias a este mes de rotación en Paliativos hemos podido adentrarnos al lugar más íntimo del paciente, a descubrir sus miedos e inquietudes en sus últimos días. Realmente ha sido en este mes donde nos hemos sentido más cerca del paciente y de sus familias, los que nos han abierto las puertas de su casa, recibiéndonos como uno más. Con una mirada, un apretón de manos, sentarnos al lado del paciente podemos ayudar a aliviar el sufrimiento espiritual, acompañándoles en este camino; respondiendo así a alguna de nuestras dudas iniciales.
Una de las cosas que más nos ha llamado la atención, han sido los sentimientos de soledad y el miedo que aparecen por la noche, cuando el mundo calla, impidiendo el descanso del paciente. Muchas veces como médicos, nos empeñamos en tratarlo de manera farmacológica, cuando el verdadero tratamiento es la palabra, que el paciente nos cuente que terrores le acechan.
Es por todo esto y por muchas otras razones, por las que consideramos que es necesario rotar en el Servicio de Cuidados Paliativos como médicos de familia; siendo la etapa final de nuestros pacientes parte que nos compete.

Firmado
Begoña Antón González R3 MFyC
Laura Cotillas García R3 MFyC

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Aprender para realizar un cambio

Rotación en cuidados paliativos, noviembre 2017.  Violeta García. Residente R3.

Cuidados paliativos ¿qué son? ¿Atender a personas que se van a morir? ¿Solamente? ¿Cómo trabajo será frustrante? ¿Cómo enfrentarse a la muerte sin salir perjudicada? ¿Dónde se aprende a sobrellevar esta carga? ¿Realmente estamos preparados?

Son algunas de las preguntas que me surgen antes de comenzar la rotación en cuidados paliativos.

La verdad que me da miedo, enfrentarme a algo como la muerte, no estamos formados, ni preparados, ¿cómo adquirir habilidades? ¿cómo enfrentarte sin sufrir?. La muerte, olvidada durante la carrera, 6 años de medicina poco se habla de ella, del proceso, de las vivencia, distinta interpretación de las culturas, de cómo enfrentarte a una situación así, impensable ¿quién nos cuida en el trabajo? ¿en la carrera? Es sabido que es algo a lo que nos enfrentaremos, la muerte, pero nadie habla de ello en la sociedad tampoco. Algo que a mí siempre me ha llamado la atención y ahora que estoy en mi tercer año de residencia me doy más cuenta es el poco cuidado que tienen de nosotros tanto en la carrera como en el trabajo…por eso cuando algo te preocupa la forma que yo entiendo de liberarme aunque sea un poquito es compartiéndolo con compañeros.

De cuidados hacia nosotros hablo, pero quizás hacia los pacientes también tenga que ser así, curar vs cuidar. Se nos enseña a CURAR, ha obtener resultados, números, es frustrante no conseguirlo, es el clima de la facultad, lo que nos hacen absorber y, como es difícil salirse del tiesto, optar por otras posibilidades es controvertido y realmente complicado. Curar vs CUIDAR quizás sea la solución, poco se piensa en nuestra profesión en la segunda opción, aunque cuando te enfrentas a la realidad sales de los libros, de la cómoda facultad, llegas a consultas una urgencia repleta de gente, con su singularidad, problemas y enfermedad, te das cuenta que no es tan fácil como el diagnóstico diferencial y tratamiento que venía en la página 245 del manual correspondiente.

Pensando estaba yo todas estas cosas cuando el marido de una paciente que vivían en un pequeña casa, me abre los ojos con esta frase “y es que lo que no saben es que en los extremos de la vida lo más importante es cuidar”.

Aprender a trabajar en equipo, con otros profesionales de la salud como enfermeras y psicóloga, conocer los distintos enfoques, participar en un equipo y sentirte dentro de él. Me ha servido para abrir los ojos a la realidad, aprender los silencios, la necesidad de una palabra, una mirada, una caricia. El acompañamiento. La actitud frente a las situaciones complicadas que aparentemente se nos escapan de las manos pero en las cuales tenemos mucho que hacer.

Convivir y dar opiniones con personas diversas, las cuales tenemos distintas opiniones pero podemos llegar a un acuerdo.

He observado, creo que he participado, quizás muchas veces desde el silencio, pero he aprendido; de las relaciones interpersonales, el hacer un viaje lejos, entrar en una casa ajena, lugar en el que tenemos que estar a la altura y no somos poderosos, es difícil la teoría merece la pena la práctica.

Continuar reivindicando una atención de calidad e intentar llevar lo aprendido a mi futuro trabajo, reivindicando cantidad, y calidad de los profesionales también. Reconocer que muchas veces tenemos limitaciones, seguir aprendiendo para realizar un cambio.

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