John Berger = El Arte de Ver

Fue un escritor consciente de lo que hacía temblar al lenguaje. Un pintor comprometido con el verbo de los matices. Un pensador forjado en la observación de la vida. Un poeta con ojos para los que emigran y tratan de escribir la verdad en los trenes. Un hombre que hacía el amor a la naturaleza: “El heno/ olía al amor/ del cielo por la tierra”. También fue un reportero en busca del heroísmo y la autoestima en los trabajadores empobrecidos. Un artista que usaba la fotografía como medio de transporte. Un músico que cantó a las articulaciones y al reumatismo, a las callosidades y las uñas sucias. Un dramaturgo que imitó el llanto balbuciente de los acentos de los desheredados los vagabundos. Y, finalmente, un ser humano que reconoció que la vida sin heridas no merece la pena vivirse. Sí, John Berger no se acaba nunca. Ni siquiera este dos de enero de 2017.

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